A pesar del crecimiento que ha tenido la industria vitivinícola en San Luis Potosí en los últimos años, el sector enfrenta uno de sus principales obstáculos en la elevada carga fiscal que se aplica a la producción y comercialización del vino en México, situación que limita su competitividad frente a productos importados.
Así lo señaló el presidente local de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y de Alimentos Condimentados (Canirac), Alejandro Espinosa Abaroa, quien explicó que una parte considerable del precio final de una botella corresponde al pago de impuestos, lo que encarece el producto nacional frente a opciones provenientes de otros países.
De acuerdo con el representante del sector restaurantero, entre el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y el IVA, una botella de vino puede llegar a pagar más del 40 por ciento en gravámenes, lo que coloca a los productores mexicanos en desventaja frente a vinos provenientes de países como Chile, Argentina o España.
Espinosa Abaroa explicó que mientras producir una botella en México puede costar alrededor de 120 pesos, existen vinos importados que llegan al mercado nacional incluso por debajo de los 80 pesos, lo que complica la competencia para los productores locales.
Pese a este panorama, destacó que la industria del vino en San Luis Potosí ha mostrado un crecimiento constante en los últimos años.
Actualmente existen varias vinícolas en operación en la entidad, algunas de ellas con reconocimiento nacional e incluso presencia en mercados internacionales.
Entre las casas productoras destaca Pozo de Luna, que ya exporta parte de su producción a Estados Unidos, así como Cava Quintanilla, considerada una de las más grandes de la región, con una producción anual que supera las cien mil botellas.
El líder de Canirac señaló que el potencial del vino potosino continúa en expansión, particularmente porque cada vez más restaurantes incluyen etiquetas locales en sus cartas, lo que permite posicionar la producción estatal entre los consumidores.
No obstante, insistió en que el crecimiento del sector depende en gran medida de que se revisen las condiciones fiscales que enfrenta la industria.
En ese sentido, recordó que desde hace años distintos consejos vitivinícolas han propuesto que el vino sea considerado un alimento, lo que permitiría reducir la carga impositiva y generar condiciones más equitativas frente a los productos importados.



