Alfredo Bryce Echenique, novelista peruano que escribió con el toque de quien conoce de primera mano la indiferencia de la élite de su país y el sufrimiento silencioso de las clases más bajas, falleció el 10 de marzo en su casa de Lima. Tenía 87 años.
Su fallecimiento fue anunciado por la oficina del presidente de Perú, que lo calificó como “una de las figuras más brillantes de nuestra literatura”.
A veces se consideraba a Bryce Echenique “el otro peruano”, para distinguirlo de su amigo, el novelista laureado con el Premio Nobel Mario Vargas Llosa. Y en ocasiones se le agrupaba con los demás novelistas latinoamericanos del “boom” literario de las décadas de 1960 y 1970, como Gabriel García Márquez, de Colombia, y Julio Cortázar, de Argentina.
Pero Bryce Echenique no era tan fácil de clasificar. Un cronista discreto del entorno refinado del que procedía, Bryce Echenique rehuía las distorsiones surrealistas del realismo mágico de García Márquez y la alta política y la moralidad que impregnaban la obra de Vargas Llosa. En las novelas de Bryce, la crítica a las disparidades y la desigualdad está implícita.
“El primer instinto de Bryce Echenique como escritor es ser ingenioso en lugar de moralista”, escribió Jonathan Thacker, profesor de estudios hispánicos de la Universidad de Oxford, en The Times Literary Supplement en 2003, al reseñar El huerto de mi amada.
Su obra más conocida, y una de las únicas dos novelas que han sido traducidas al inglés de entre las 12 que escribió, Un mundo para Julius (1970; y la traducción al inglés en 1992), es una evocación tierna e irónica de una infancia en la clase alta de la Lima de la década de 1940: la suya.
Julius, la figura central, juzga desde una distancia cercana el hedonismo de su hermosa madre y su insustancial círculo social en la ciudad capital de Perú. Es un niño pequeño cuando comienza la novela.
Bryce Echenique conocía bien ese entorno. Su padre era director del Banco Internacional del Perú, una de las instituciones financieras más importantes del país. Su madre era descendiente de un virrey español y de un presidente peruano del siglo XIX, José Rufino Echenique. Su antepasado fue “el peor” de los presidentes del Perú, comentó el escritor en una entrevista en 1991.
Con información de: The New York Times en Español



