En medio del crecimiento urbano y la constante exposición a estímulos sonoros, especialistas advierten que el ruido se ha convertido en un riesgo cotidiano para la salud auditiva. Así lo señaló el otorrinolaringólogo Juan José Reyes Fortanelli, catedrático de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), quien alertó sobre los efectos que pueden provocar tanto los sonidos intensos como la exposición prolongada a ambientes ruidosos.
El especialista explicó que el sonido se mide en decibeles y que, a partir de ciertos niveles, puede resultar dañino para el oído humano. Detalló que detonaciones como fuegos artificiales, disparos o petardos pueden alcanzar hasta 140 decibeles, lo que puede generar daño inmediato. Otros ejemplos incluyen el despegue de un avión, con alrededor de 130 decibeles, y las sirenas de ambulancias o patrullas, que alcanzan los 120. Incluso actividades recreativas como conciertos o música en vivo pueden llegar a los 110 decibeles.
Reyes Fortanelli subrayó que, aunque existen sonidos menos intensos como el tráfico o los electrodomésticos, la exposición continua también representa un riesgo. Explicó que el daño ocurre en las células ciliadas del oído interno, específicamente en el órgano de Corti, las cuales son fundamentales para la audición y no tienen capacidad de regenerarse, lo que puede derivar en pérdida auditiva permanente.
Advirtió que la exposición aguda a ruidos muy intensos puede provocar sordera inmediata en ciertas frecuencias, así como tinnitus —un zumbido constante en el oído— que en muchos casos es irreversible. En algunos pacientes, este daño puede acompañarse de síntomas como vértigo. En tanto, la exposición crónica, frecuente en entornos industriales con niveles superiores a los 90 decibeles, puede generar afectaciones progresivas en ambos oídos.
El especialista señaló que las zonas urbanas concentran mayores niveles de ruido debido al tráfico vehicular, la actividad industrial y el uso constante de claxon y sirenas. En cruceros con alta afluencia, indicó, se pueden alcanzar niveles de entre 90 y 110 decibeles, lo que además de afectar la audición puede generar estrés, irritabilidad y fatiga mental.
Ante este panorama, recomendó adoptar medidas preventivas como el uso de protección auditiva —tapones o conchas— en ambientes ruidosos, evitar la exposición a fuegos artificiales y moderar la asistencia a eventos con altos niveles de sonido.
Finalmente, hizo un llamado a la población a generar conciencia sobre los efectos del ruido en la salud, al considerar que muchas de estas afectaciones pueden prevenirse mediante hábitos simples de protección y evitando la exposición innecesaria a sonidos intensos.
Con información de: El Sol de San Luis



