El kéfir es una de las bebidas fermentadas más populares entre quienes buscan mejorar su salud digestiva, aunque suele promocionarse por su contenido de probióticos y sus posibles beneficios para la microbiota intestinal, diversas instituciones de salud advierten que no todas las personas deberían consumirlo sin antes considerar ciertos riesgos.
De acuerdo con la Cleveland Clinic, el kéfir es una bebida fermentada que se obtiene al combinar leche con granos de kéfir, una mezcla de bacterias y levaduras que transforman parte de la lactosa durante el proceso de fermentación, el resultado es una bebida de sabor ácido y textura similar a la del yogur líquido.
Uno de los motivos por los que el kéfir ha ganado popularidad es su contenido de microorganismos vivos, según la Clínica Mayo los probióticos son bacterias y levaduras beneficiosas que pueden ayudar a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal y participar en la digestión de los alimentos.
¿Qué aporta el kéfir?
El kéfir aporta nutrientes como calcio, fósforo, proteínas y vitaminas del grupo B, además, al contener menos lactosa que la leche convencional, algunas personas con intolerancia leve a este azúcar pueden tolerarlo mejor.
Las instituciones de salud coinciden en que los beneficios potenciales de los probióticos siguen siendo objeto de investigación, la Clínica Mayo señala que, aunque algunos estudios sugieren efectos positivos sobre la salud digestiva, todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que estos productos previenen o curan enfermedades específicas.
¿Para quiénes no se recomienda el kéfir?
El consumo de kéfir no es recomendable para todas las personas, el Centro Nacional para la Salud Complementaria e Integrativa de Estados Unidos (NCCIH, por sus siglas en inglés) indica que los probióticos suelen ser seguros para individuos sanos, pero pueden representar riesgos en personas con sistemas inmunológicos debilitados.
De acuerdo con esta institución, quienes reciben tratamientos contra el cáncer, pacientes trasplantados o personas con enfermedades que afectan las defensas del organismo tienen un mayor riesgo de desarrollar complicaciones derivadas de microorganismos vivos presentes en algunos alimentos probióticos.
Además, el NCCIH advierte que algunos consumidores pueden experimentar efectos secundarios digestivos, especialmente cuando comienzan a incorporar estos productos a su alimentación. Entre los síntomas reportados se encuentran
Gases
Inflamación abdominal
Cambios temporales en el tránsito intestinal
Otro aspecto importante es que no todos los productos comercializados como kéfir son iguales, algunas versiones industriales pueden contener menos microorganismos vivos que el kéfir tradicional o incluir azúcares añadidos que modifican sus características nutricionales.
Actualmente no existe evidencia para recomendar el consumo indiscriminado de kéfir en personas inmunodeprimidas, pese a que en redes sociales suelen circular mensajes que lo presentan como un alimento apto para cualquier persona.
El kéfir puede formar parte de una alimentación equilibrada y ofrecer beneficios para algunas personas, especialmente en el contexto de una dieta saludable. Sin embargo, se debe considerar que no se trata de un alimento milagroso ni sustituye tratamientos médicos.
En caso de padecer una enfermedad crónica, tener el sistema inmunológico comprometido o presentar dudas sobre su consumo, las instituciones sanitarias recomiendan consultar con un profesional de la salud antes de incorporarlo de manera regular a la dieta.
Con información de: Uno Tv



