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¿Cómo influye el medio ambiente en la salud cardiovascular?

25 junio, 2026
in Salud
¿Cómo influye el medio ambiente en la salud cardiovascular?

En los últimos años, el medio ambiente ha registrado cambios históricos difíciles de ignorar. Desde desastres naturales, temperaturas extremas, hallazgos de contaminantes y residuos en animales y humanos, la salud planetaria tiene una relación más cercana de lo que se podría pensar con la salud pública. 

Desde hace más de 10 años existe evidencia comprobable de las afecciones que el medio ambiente podría atribuir a la salud o enfermedad. En este artículo se explora la relación de cambios ambientales con enfermedades cardiovasculares y mortalidad. 

Las partículas finas (PM2,5) son partículas contaminantes que se encuentran suspendidas en el aire e incluyen polvo, hollín, suciedad, humo y gotas líquidas. Se clasifican según su tamaño. Las denominadas PM2,5 son las más finas y miden hasta 2,5 micras de diámetro y son las de mayor amenaza a la salud inmediata y a largo plazo, ya que pueden permanecer durante varios días viajando suspendidas en el aire y por su tamaño microscópico es posible que tras su inhalación penetren a los alveolos pulmonares y se absorban en el torrente sanguíneo. Su composición es tóxica, puesto que las contienen principalmente sulfatos, nitratos, ácidos, metales y carbono negro. Es por ello que junto con el ozono troposférico, que es sumamente reactivo y oxidante, son el principal indicador de contaminación del aire. La exposición a PM2,5está asociada a enfermedades cardiovasculares y respiratorias agudas crónicas, así como a cáncer de pulmón.

Lo que dicen los datos 

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de hospitalización y mortalidad en la mayor parte del mundo y condiciones ambientales, como exposición a partículas contaminantes suspendidas, metales pesados, humo de incendios y temperaturas extremas, son determinantes de la salud cardiovascular. 

Estudios han encontrado que las temperaturas extremas que resultan del cambio climático están ligadas a aumento en infartos de miocardio con incremento de riesgo de 1,44 durante calor extremo y de 1,36 en frío extremo. Asimismo, metanálisis encontraron que por cada grado Celsius que aumenta, el riesgo de hospitalización por infarto de miocardio se eleva 1,6 %, con riesgo de mortalidad de 1,64 durante olas de calor. La mortalidad por calor en mayores de 65 años aumentó 167 % respecto a la década de los años noventa.

El infarto de miocardio también está ligado a niveles elevados de ozono troposférico, partículas suspendidas como las PM2,5 incluso en bajas concentraciones y humo de incendios, ya que estos provocan respuestas inflamatorias sistémicas , activación de plaquetas y desarrollo de aterotrombosis que lleva a patología cardiovascular . Un estudio encontró que especialmente en adultos mayores, por cada 9 mcg/m3 de aumento en PM2,5 durante dos días el riesgo de paro cardiaco se elevó en 6,98 %.  Además, afecciones como fibrilación auricular también están sujetas a cambios inflamatorios y otros estresores por exposición a dichas partículas y a calor extremo. 

De hecho, 50 % de los 6,7 millones de fallecimientos atribuibles a la contaminación atmosférica a nivel global en 2019 se debe a enfermedad cardiovascular. A nivel individual, se estima que las personas pierden en promedio 1,7 años de vida por la exposición a contaminación atmosférica, factor de riesgo prevenible.

Así, la utilización de Servicios de Salud por eventos cardiovasculares aumenta cuando incrementa la concentración de partículas PM2,5, nivel de ozono troposférico y temperaturas extremas. Esto se observa especialmente en pacientes de edad avanzada y con hipertensión o alguna patología cardiovascular previa.

Por ello, especialistas en cardiología y profesionales médicos de Servicios de Urgencias deben prepararse para atender eventos cardiovasculares especialmente cuando en las condiciones ambientales se presentan incendios, olas de calor y contaminación del aire.

Desde la práctica clínica

“Los tres ejes convergen sobre los mismos mecanismos: inflamación sistémica, disfunción endotelial, estrés oxidativo y protrombosis”, destacó el Dr. Araiza. “Y aunque no he visto un cambio en mi consulta directamente atribuible a condiciones del ambiente, y lo que domina de forma abrumadora en mis pacientes son los fenotipos cardiometabólicos como obesidad y resistencia a la insulina , el ambiente no es ajeno a ello. Es posible que el efecto ambiental que agrava estas afecciones esté escondido dentro de la epidemia cardiometabólica que observo de forma creciente y no se presente como una entidad separada”.

La Dra. Navas-Acién, epidemióloga, especialista en medicina preventiva, del Departamento de Ciencias de la Salud Ambiental de la Universidad de Columbia, en New York, Estados Unidos, señaló: “Los médicos deben conocer a sus pacientes y saber cuáles son los factores ambientales a los que están expuestos que pudieran afectar su salud cardiovascular”, ya que por un lado, “estilos de vida como tabaquismo, sedentarismo y dieta, que han dominado la consulta en cardiología, están en sí mismos relacionados con el ambiente” y además, “cuando ocurren eventos extremos como sequías, inundaciones o huracanes, hay impacto a corto plazo; las patologías que acuden a Servicios de Salud y hospitalización cambian, pero también pueden observarse consecuencias a largo plazo”.

Prepararnos para lo que viene 

“Anticipemos la estacionalidad”, recomendó el Dr. Araiza. “Adultos mayores y pacientes con cardiopatía isquémica o enfermedad renal son los más sensibles a la temperatura extrema. En olas de calor hay que vigilar volemia y diuréticos”. Incluso la American Heart Association (AHA) publicó en 2026 una declaración sobre temperatura no óptima y salud cardiovascular. “Y pensemos también en la equidad, ya que las poblaciones más vulnerables cargan un peso desproporcionado”.

La Dra. Navas-Acién manifestó que existen tres tipos de estrategias para proteger la salud ambiental cardiovascular. Por un lado, desde el enfoque de salud pública y medidas colectivas existen políticas públicas que pueden regular a través de la “legislación los niveles máximos de contaminantes para asegurar la calidad de alimentos, agua, aire y condiciones de trabajo y reducir combustibles fósiles, así como potenciar el uso de energías limpias y promover en las ciudades más espacios verdes y de bajas emisiones”. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuenta con estándares que de máximos niveles de partículas suspendidas de exposición a cumplir y estos no deben superar 5 mcg/m3 de media anual y 15 mcg/m3 durante más de 3 o 4 días al año. Sin embargo, reportes como el IQAir, indican que 95 % de los países no cumple con estos estándares de calidad del aire.

“Por otro lado están las medidas preventivas que los médicos pueden recomendar a sus pacientes, como uso de mascarillas, filtros de aire, evitar entonos con contaminación y promover actividad física en espacios verdes”, agregó la Dra. Navas-Acién, “pero también desde la clínica los trabajadores de la salud pueden impulsar la creación de espacios verdes en sus localidades, colaborar con trabajo social, conocer los recursos públicos disponibles para recomendar a sus pacientes dónde ir para protegerse del calor extremo y prepararlos para acceder a fármacos y tanques de oxígeno durante eventos extremos como inundaciones o huracanes”.

Un llamado desde la cardiología

“El mensaje es claro para especialistas en cardiología, pero también para quienes no lo son: la exposición ambiental ya es un factor de riesgo cardiovascular modificable y pertenece a la historia clínica del paciente”, enfatizó el Dr. Araiza. Por eso “pregunten a sus pacientes: así como interrogamos sobre tabaquismo, vale la pena cuestionar sobre la calidad del aire del entorno, uso de biomasa para cocinar y condiciones de vivienda ante el calor”.

“Profesionales médicos de todas las especialidades deben estar mejor informados y mejor formados sobre cardiología ambiental”, finalizó la Dra. Navas-Acién. Para ello existen recursos que preparan a profesionales de la salud a través de consorcios especializados en educación, como el Global Consortium for Climate and Health Education.

Con información de Medscape

Tags: Medio ambienteSalud
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