En Finlandia, las bibliotecas públicas han dejado de ser únicamente lugares para consultar o pedir libros prestados. Estos espacios funcionan también como centros comunitarios donde las personas pueden estudiar, trabajar, reunirse, aprender nuevas habilidades e incluso acceder a herramientas y servicios digitales.
Uno de los ejemplos más destacados es Oodi, la biblioteca central de Helsinki, reconocida en 2019 como la mejor biblioteca de reciente construcción del mundo. En sus instalaciones, los visitantes pueden utilizar salas de estudio y reuniones, estudios de música, áreas infantiles, juegos, canchas deportivas y herramientas como impresoras 3D y máquinas de coser.

El modelo se extiende por todo el país. Finlandia cuenta con más de 700 bibliotecas para una población de alrededor de 5.6 millones de habitantes. De acuerdo con datos citados por BBC, 55 por ciento de los finlandeses acude a estos espacios al menos una vez al mes, mientras que las bibliotecas también ofrecen apoyo para realizar trámites digitales, buscar empleo y acceder a servicios públicos.
Más allá de los servicios que ofrecen, las bibliotecas son consideradas parte de la infraestructura democrática del país. La legislación finlandesa establece que deben promover la democracia, la libertad de expresión y la participación ciudadana, además de funcionar como espacios accesibles para personas de distintos ingresos y procedencias.
Para algunos ciudadanos, su importancia también tiene un significado personal. Nasima Razmyar, actual integrante del Parlamento finlandés y quien llegó al país como refugiada cuando tenía ocho años, recuerda que obtener su primer carné de biblioteca le hizo sentir que aquel lugar también le pertenecía. Para ella, la biblioteca representaba “todo el sistema de bienestar finlandés en un solo edificio”.
Con información de BBC News Mundo.



