Isabel García
Frente a las puertas del Santuario de Guadalupe, las fotografías de quienes un día salieron de casa y nunca regresaron volvieron a ocupar un espacio. Rostros de hijos, hermanos, padres y madres desaparecidos fueron colocados en fichas de búsqueda, mientras sus familias, reunidas en un mismo lugar, repitieron una pregunta que no ha dejado de acompañarlas desde el momento en que comenzó su búsqueda.
“¿Dónde están nuestros hijos?”
El grito de las madres buscadoras se escuchó con fuerza este domingo durante las actividades realizadas por el colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.









“No estamos aquí solamente para recordar. Estamos aquí para decir con toda la fuerza que nos da el amor por los nuestros que no los hemos olvidado”, expresaron las integrantes del colectivo.
Cada fotografía colocada en el memorial representó una ausencia que continúa doliendo, una familia que permanece en espera y una pregunta que sigue sin respuesta.
Madres, padres, hermanas, hermanos, hijas e hijos se reunieron para recordar que, detrás de cada ficha de búsqueda, no existe solamente un número o una carpeta de investigación.
“Los desaparecidos no son expedientes, no son estadísticas. Son personas que tuvieron nombre, que tuvieron familia, que tuvieron sueños y que dejaron una silla vacía, una cama intacta, una llamada que nunca llegó y una puerta que todavía alguien espera ver abrirse”, señalaron.
Durante su mensaje, el colectivo recordó el dolor que enfrentan miles de familias que, ante la ausencia de respuestas, han tenido que aprender a buscar.
“Nadie debería aprender a buscar en fosas. Nadie debería recorrer montes y caminos esperando encontrar una señal. Ninguna madre debería aprender a distinguir qué son restos humanos. Ninguna familia debería tener que convertirse en investigadora para encontrar a quien ama”, expresaron.
Sin embargo, la realidad ha obligado a cientos de familias a hacerlo.
Las buscadoras señalaron que su labor nace del amor y de la necesidad de encontrar a sus seres queridos, pero insistieron en que la búsqueda y la investigación no deberían recaer sobre ellas.
“La investigación es una obligación del Estado. La verdad y la justicia son obligaciones del Estado. Las familias buscamos porque amamos”, manifestaron.
Durante el evento también reiteraron su petición para que San Luis Potosí cuente con un memorial permanente para las personas desaparecidas, un espacio donde puedan colocar las fotografías de sus seres queridos sin tener que solicitar permisos cada año.
“Cada nombre pronunciado dice: sigues con nosotros. Cada familia que permanece de pie dice: no nos van a obligar a olvidar”, expresaron.


Edith Pérez Rodríguez, presidenta del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros, recordó que la pregunta sobre el paradero de sus seres queridos acompaña a las familias todos los días.
“Esta es la pregunta que nos hacemos cada día cuando termina el día y cuando comienza”, expresó al referirse al “¿dónde están?” que, dijo, las familias se formulan desde el primer momento en que ocurre una desaparición.
La activista señaló que incluso cuando algunas familias logran localizar a sus seres queridos, la causa continúa, pues actualmente miles de personas siguen desaparecidas en todo el país.
“Los nuestros son los más de 135 mil desaparecidos en todo el país. Los nuestros son ellos, a quienes arrebataron su voz y sus sueños”, señaló.
Pérez Rodríguez también hizo un llamado a la sociedad a no permanecer indiferente frente a las desapariciones y a evitar los prejuicios contra las víctimas.
“Compartan una ficha, escuchen a una familia, acompañen una búsqueda. No juzguen, no digan: ya pasó mucho tiempo, se fue con el novio o andaba mal”, fue el mensaje que el colectivo dirigió a la población.
Durante la jornada, las familias colocaron fichas de búsqueda frente al Santuario de Guadalupe y realizaron un homenaje por las personas desaparecidas.
Posteriormente, participaron en una misa en la que unieron sus oraciones por quienes faltan, por sus familias y por todas las personas que continúan buscando verdad y justicia.
En medio de la ceremonia, el llamado volvió a repetirse.
“¿Dónde están? ¿Dónde están nuestros hijos?”
Las voces de las familias resonaron una y otra vez.
“Más fuerte, que se escuche”, pidieron.
Y el grito volvió a surgir.
“¡¿Dónde están nuestros hijos?!”
Hasta que esa pregunta tenga una respuesta, hasta que cada familia conozca la verdad y hasta que ninguna madre tenga que volver a escarbar la tierra para encontrar a su hijo, las familias aseguraron que continuarán buscando.
Porque, dijeron, la memoria, la búsqueda y el amor por los suyos también son una forma de dignidad.
“Seguiremos buscando, seguiremos nombrando, seguiremos exigiendo. Hasta encontrarles a todos”.



