El telescopio espacial James Webb fue diseñado para estudiar el universo mediante observaciones en el espectro infrarrojo, una característica que le permite investigar galaxias muy distantes y regiones donde se forman estrellas. Su capacidad de captar luz infrarroja resulta especialmente importante para estudiar objetos cuya luz se ha desplazado hacia longitudes de onda mayores durante su viaje por el universo.
Cuando la luz de una galaxia distante llega a la Tierra, la expansión del universo puede estirar su longitud de onda. Este fenómeno, conocido como corrimiento al rojo, permite a los astrónomos investigar épocas muy tempranas de la historia cósmica.
El Webb combina espejos de gran tamaño con instrumentos capaces de analizar la luz de los objetos observados. A partir de esos datos, los científicos estudian la composición química, la temperatura y otras propiedades de estrellas, galaxias y atmósferas planetarias.
Sus observaciones no representan fotografías directas del universo tal como es en el presente, sino información que ha viajado durante millones o miles de millones de años. Por eso, estudiar objetos distantes permite reconstruir distintas etapas de la evolución del cosmos.
Con información de NASA



