La muestra “Héroes anónimos: técnicos y artistas del cine mexicano” es un testimonio de agradecimiento para los asistentes de dirección, técnicos de electricidad, tramoyistas, peluqueras, delegados de la ANDA, microfonistas, animaleros y un larguísimo etcétera, quienes realizan oficios fundamentales para la industria fílmica, pues sin ellos no existirían las grandes producciones cinematográficas.
El proyecto de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas les rinde tributo en un recorrido de los años 30 a los 90 del siglo pasado.
Se trata de reconocer a personajes que en ocasiones ni en los créditos figuran, expresó Mónica Lozano Serrano, presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), presente en el corte de listón en la galería de las rejas del lago de Chapultepec, sobre el Paseo de la Reforma, donde está montada la exposición.
El rango de este personal fundamental para hacer cine es amplio, pues incluye extras, hacedores de efectos especiales, laboratoristas, técnicos, utileros, constructores, maquillistas, peinadoras, iluminadores, entre otros, que participan en la producción de cintas.
El material exhibido –que data de producciones realizadas entre 1930 y 1990– se tomó de acervos como el de la Filmoteca de la UNAM, revistas especializadas, recortes de periódicos y los propios estudios de cine de la época, como Clasa, Tepeyac, Churubusco. Otros pertenecen al director y productor Roberto Fiesco.
Cada una de las fotografías encierra varias historias, explicó Eliza Lozano, historiadora del cine quien se encargó de la curaduría de la muestra mediante un detallado trabajo de más de dos meses de revisión de miles de fotografías.
De los albores del cine mexicano a la década de los 90, pone punto final al recorrido una foto de Matilde Landeta, la script girl por autonomasia, en plena filmación de Nocturno a Rosario.Otra toma es en la Arena México durante el rodaje de Nocaut, cinta que, explica el pie de foto, se rodó en 1982 y fue una de las pioneras del cine independiente, dirigida por José García Agraz. En la imagen aparece todo el equipo de filmación.
Angelina Alaniz fijó su nombre por ser la única mujer que tenía crédito de foto fija, hasta 1967, cuando se filmó El imperio de Drácula.
El recorrido cuenta también que Arturo Ripstein recibió su bautizo como director en Tiempo de morir, de 1965, en la que colaboró Gabriel García Márquez.
Hasta la cintura del mundo, Ecuador, se trasladaron Gabriel Figueroa y sus asistentes: Manuel González, operador de la cámara, y Pablo Ríos, su asistente, y el microfonista Ángel Trejo, quien trabajosamente sostiene una caña con el micrófono para captar los parlamentos de Julissa y Mauricio Herrera, protagonistas de La mitad del mundo, cinta de 1963.
En las filmaciones no faltan los lugareños voluntarios. Así, figuran habitantes de Cardonal, población hidalguense, que cargan las grandes pizarras de sol cuando se filmó El despojo, en 1961. También se observan los que participaron en Puerta joven, película de Cantinflas de 1949, con éste, así como el productor Jacques Gelman y el director Miguel M. Delgado.
El famoso Rosalío Solano era aprendiz cuando el después gran fotógrafo participó, en 1941, en La isla de la pasión donde el Indio Fernández igualmente comenzaba su trajín fílmico. Las imágenes de gran formato estarán en exhibición hasta el 18 de enero de 2020.
Con información de La Jornada