Pascal Beltrán del Río
Durante la Convención Bancaria de 2018, el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador advirtió que si ocurría un “fraude” en las elecciones de ese año, se soltaría un “tigre” y que no sería él quien lo contendría.
“Si se atreven a un fraude, me voy a Palenque y a ver quién amarrara el tigre”, amenazó. “Quien lo suelte, que lo amarre. Yo no voy a estar deteniendo a la gente”. En pocas palabras, lo que el tabasqueño estaba diciendo es que si se deseaba la paz social en México, él tenía que ganar los comicios presidenciales.
A seis años de esa declaración, sabemos que, pese a que López Obrador logró llegar a Palacio Nacional, el país no ha estado en paz.
Por un lado, durante su gobierno se acumularon casi 200 mil asesinatos, producto de la violencia criminal y de su indisposición para combatirla. Por otro, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la organización social con mayor capacidad de movilización y protesta, está de nuevo en pie de lucha, con el Zócalo tomado y la amenaza de no desocuparlo hasta no lograr un 100% de aumento salarial –contra 9% que ofrece el gobierno–, así como la abrogación de la reforma educativa de 2019 y la Ley del ISSSTE de 2007. Ambos problemas se los heredó el expresidente a su sucesora.
En abril de 2019, escribí que la Coordinadora se convertiría en el tigre que profetizó López Obrador. Después de haber mantenido una alianza política con ella durante su tiempo en la oposición –cuando prometió que si llegaba al poder abrogaría la reforma educativa peñanietista–, el mandatario abjuró de ese compromiso y mantuvo las partes de la ley que le convenían, principalmente la centralización de la educación, lo cual impide a la CNTE chantajear a los gobiernos estatales en busca de canonjías, como lo había hecho antes de 2013.
Eso significó un distanciamiento entre la Coordinadora y López Obrador. Sin embargo, para no romper, éste accedió a compensar a los maestros disidentes, devolviéndoles la decisión sobre quiénes ocupan las plazas y regularizando miles de ellas.
La CNTE, como bien explicó ayer en estas páginas nuestro compañero Carlos Ornelas, usó esas facilidades para ampliar su membresía en otros estados del país, donde es percibida como una organización que consigue lo que pide.
“Hoy el gobierno enfrenta a un monstruo mayor que en el pasado”, describió Ornelas. “Los jefes de la CNTE aprovecharon bien las ventajas que les ofreció López Obrador para crecer en otras zonas escolares, más allá de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán” y, así, agrandar su padrón de militantes.
En 2019 sostuve que López Obrador había hecho un pacto con el diablo, prometiendo cosas a la CNTE que luego no le cumplió y olvidando que esa organización nació para combatir a los gobiernos de cualquier signo y arrancarles ganancias, primordialmente pecuniarias, mediante su estrategia de “movilización, negociación, movilización”.
Con Información de Excelsior.



