Francisco Garfias
Los maestros de la CNTE tienen permiso para bloquear, romper, quemar, amedrentar, como lo hicieron ayer impunemente en el edificio de la SNTE.
Las llamas y el humo que salían del inmueble del sindicato oficialista de maestros, ubicado en el centro de la Ciudad de México, no fueron motivo suficiente para que la fuerza pública interviniera.
No hay un sólo detenido.
La presidenta Claudia Sheinbaum ya dejó claro que su gobierno no va a usar a la policía ni la Guardia Nacional.
¿Aun si los manifestantes ponen en peligro la integridad de las personas y sus bienes? Es pregunta.
El artículo 4º de la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza establece que éste se regirá por la absoluta necesidad, la legalidad, la proporcionalidad, la racionalidad y la oportunidad.
“El uso de la fuerza será la última alternativa para tutelar la vida e integridad de las personas, evitar que se vulneren bienes jurídicamente protegidos o con el fin de mantener el orden y la paz pública, al haberse agotado otros medios para el desistimiento de la conducta del agresor”, dice la ley.
* Los maestros disidentes exigen el diálogo directo con la Presidenta. Ya no quieren hablar ni con Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, ni con Mario Delgado, secretario de Educación.
Ayer leímos pintas en paredes del edificio de la CNTE que piden la dimisión del titular de la SEP.



