Los centros de datos, la infraestructura que resulta imprescindible para la operativa de la inteligencia artificial, continúan ampliando los grupos de población que se muestran contrarios a su desarrollo en las inmediaciones de sus casas. En un primer momento, la promesa de generar puestos de trabajo y riqueza en la zona en la que se iban a establecer servía como reclamo, pero conforme se conocen detalles de lo que implican a medio y largo plazo más allá de la ocupación laboral, los vecinos comienzan a movilizarse para frenar su implantación.
A ello se añaden las consecuencias a nivel territorial, energético y en cuanto a las reservas hídricas, tres aspectos clave que ha puesto de relieve el último informe de la ONU. En Estados Unidos, así como en España, se han visto movilizaciones para frenar la expansión de este tipo de megaconstrucciones, algo que la última información procedente del país norteamericano no hará sino reforzar.
La última problemática ha surgido en el estado de Wyoming, concretamente en la localidad de Cheyenne. Allí, la Junta de Servicios Públicos ha dictaminado una ordenanza que impide el vertido de agua residual tras haber detectado, en muestras procedentes de un proyecto dependiente de Meta, la presencia de una bacteria de alta peligrosidad para la salud humana, tal como ha publicado el medio local Cowboy State Daily.
Bacteria con alta tasa de mortandad en caso de contaminar a humanos
Las autoridades locales se han visto obligadas a suspender los permisos de vertido de un centro de datos afiliado a Meta tras descubrir que sus sistemas de refrigeración contaminaron el agua de la zona. El primer punto de alarma llegó en un análisis rutinario de contaminación fecal efectuado por la división de ingeniería y recursos hídricos de la Junta de Servicios Públicos de Cheyenne, dirigida por Frank Strong.
En él, encontraron un patógeno de alta resistencia que no estaba bajo el radar de sus análisis previos, conocido como Cupriavidus gilardii. Al no tener constancia en la zona de la presencia de dicha bacteria, el proceso hasta acotar su familia y el riesgo que podía plantear exigió un análisis pormenorizado, tal como destacó el propio Strong, quien señaló que tuvieron que pasar por un proceso bastante complejo para averiguar qué era. El resultado de sus conclusiones no hizo sino elevar la alerta, pues la tasa de mortalidad histórica documentada de dicha bacteria alcanza el 31,3% en los pocos casos clínicos en los que ha infectado a humanos.
Proyecto paralizado y nuevo temor para la población en relación a los centros de datos de IA
La detección de la bacteria fue solo el primer paso. El segundo consistió en acotar su origen, lo que llevó a la administración local de servicios públicos hasta las instalaciones que está levantando en la zona Goat Systems LLC, contratista de Meta. Confirmar el foco de salida del patógeno permitió decretar el cierre temporal de las operaciones en el centro de datos que la tecnológica prevé instalar en Cheyenne, al menos hasta que se subsane la incidencia y se pueda corroborar, mediante nuevas analíticas, la desaparición del microorganismo.
La parte positiva de la historia es que la presencia de la bacteria Cupriavidus gilardii se detectó en muestras de aguas residuales y no en agua potable, por lo que ningún vecino vio comprometida su salud al frenarse a tiempo la contaminación. Meta, a través de la constructora Fortis, está en vías de subsanar el incidente, si bien este episodio no hace sino reforzar la oposición de los ciudadanos ante la proliferación de centros de datos. A los riesgos conocidos se suma ahora un escenario adicional en materia de salud, por lo que la vigilancia sobre estas instalaciones irá en aumento.
Con información de: La Razón



