La NASA puso oficialmente en funcionamiento la nueva antena de comunicaciones de espacio profundo Deep Space Station 23 (DSS-23), ubicada en el complejo de Goldstone en el desierto de Mojave, California. La estructura, de 34 metros de diámetro, entró en operaciones tras superar un riguroso periodo de calibración y pruebas técnicas para incorporarse a la red global de telecomunicaciones de la agencia.
El moderno plato receptor está diseñado para gestionar señales de extrema debilidad enviadas por naves espaciales ubicadas a millones de kilómetros de la Tierra. Tras su integración operacional, la antena enlazó exitosamente sus primeras comunicaciones con misiones emblemáticas como el observatorio de rayos X Chandra, el orbitador de Marte MRO, la sonda Psyche, la misión Juno en Júpiter y la nave Voyager 1 en el espacio interestelar.
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La infraestructura destaca por incorporar un sistema de guía de onda multifrecuencia que redirige las señales mediante espejos de alta precisión hacia un centro técnico instalado bajo tierra. Este diseño protege los delicados componentes electrónicos y los sistemas de enfriamiento criogénico de las condiciones ambientales extremas del desierto, garantizando una recepción de datos óptima.
Con la adición de la DSS-23, la Red de Espacio Profundo de la NASA alcanza un total de 15 antenas operativas distribuídas estratégicamente en California, España y Australia. Esta distribución geográfica asegura que la agencia mantenga una cobertura de comunicación continua con la flota espacial mientras la Tierra completa su movimiento de rotación.
La entrada en servicio de la antena resulta clave para asegurar la transferencia de datos de las próximas misiones tripuladas a la Luna dentro del programa Artemis, así como para el seguimiento de la sonda Europa Clipper. La infraestructura fortalece la capacidad de procesamiento de la NASA ante la creciente cantidad de sondas en exploración espacial.
Con información de la NASA.



