Por Redacción
Fundada en 1830 por Joseph Smith en Estados Unidos, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es hoy una de las organizaciones religiosas con mayor proyección internacional. Sus fieles se guían por la Biblia, el Libro de Mormón y otros textos que la institución considera sagrados. Desde su sede en Salt Lake City, Utah, coordina una red de actividades religiosas, educativas y humanitarias que se extiende a numerosos países.
Pero detrás de esa estructura global también hay episodios que han puesto a la Iglesia bajo la lupa. Uno de ellos tiene que ver con el dinero: en 2023, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) multó a Ensign Peak Advisors —la entidad que gestiona las inversiones de la Iglesia— por no informar correctamente sobre ciertas operaciones financieras. Para cerrar el caso, la Iglesia pagó un millón de dólares y Ensign Peak, cuatro millones.
Más delicado ha sido el capítulo de las denuncias por abuso sexual vinculadas a personas dentro de la organización. Varios reportajes periodísticos y procesos judiciales en Estados Unidos pusieron en duda la forma en que se recibieron y tramitaron algunas de esas denuncias. No todos los casos siguieron el mismo camino ni terminaron de la misma manera, pero el patrón de cuestionamientos se repitió lo suficiente como para generar un debate público sostenido.
En lo político, la institución insiste en mantenerse al margen: no apoya ni se enfrenta a partidos ni candidatos, según su postura oficial. Aun así, en la campaña presidencial de 2024 en Estados Unidos surgieron grupos de miembros —como “Latter-day Saints for Trump”— que mostraron abiertamente su respaldo a Donald Trump. La Iglesia salió a aclarar que esas agrupaciones actuaban por cuenta propia, sin ningún vínculo ni aval institucional.



