Palabras clave, grupos cerrados y aplicaciones de mensajería son utilizadas por agresores sexuales para evadir controles y trasladar conversaciones a espacios con mayor privacidad.
Las redes sociales y plataformas digitales se han convertido también en un espacio de riesgo para niñas, niños y adolescentes, debido a que grupos de agresores sexuales utilizan cuentas, comunidades cerradas y aplicaciones de mensajería para establecer contacto, compartir material de abuso sexual infantil y tratar de evadir los mecanismos de detección de las plataformas.
Especialistas y organizaciones dedicadas a la protección de la infancia han advertido que los agresores recurren a distintas estrategias para ocultar sus actividades. Entre ellas se encuentran el uso de perfiles falsos, conversaciones privadas, grupos cerrados y términos aparentemente inocentes que funcionan como señales para identificar a otros integrantes de estas comunidades.
Cuando una plataforma detecta o elimina una cuenta, los usuarios pueden intentar trasladar sus conversaciones a servicios de mensajería como Telegram o Zangi, donde buscan continuar la comunicación fuera de los espacios públicos de las redes sociales.
El riesgo no se limita a la distribución de imágenes o videos. El grooming, o engaño de una persona adulta hacia un menor con fines sexuales, puede comenzar con una conversación aparentemente normal y avanzar hacia solicitudes de fotografías, información personal, encuentros presenciales o amenazas.
Por ello, especialistas recomiendan que madres, padres y tutores no minimicen cambios repentinos en la conducta digital de niñas, niños y adolescentes, como el uso excesivo de aplicaciones de mensajería, conversaciones secretas con desconocidos o temor ante determinados contactos.
La protección también implica evitar compartir, descargar o reenviar material que pudiera involucrar abuso sexual infantil. Ante la sospecha de que un menor está siendo víctima de una situación de este tipo, se debe conservar la información necesaria para denunciar y acudir a las autoridades correspondientes.
El desafío para las plataformas y las autoridades consiste en detectar estas redes sin dejar de proteger la privacidad y los derechos de los usuarios. Mientras tanto, especialistas insisten en que la prevención, la educación digital y la supervisión responsable son herramientas fundamentales para reducir los riesgos.
Detrás de una pantalla puede existir una identidad falsa, pero el daño hacia una niña, niño o adolescente es real. La prevención comienza con hablar del tema y saber identificar las señales de alerta.



