El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió este jueves un “regreso a la calma” y anunció restricciones a las manifestaciones previstas para el sábado, luego de los disturbios y saqueos registrados en distintas ciudades del país. Además, acusó a grupos de extrema izquierda de intentar “hacer caer la República”.
Tras una reunión del consejo de seguridad en el Palacio del Elíseo, el mandatario señaló que el sábado únicamente se permitirán las movilizaciones organizadas por sindicatos y que se establecerán rutas alternativas para proteger los centros urbanos, comercios y edificios.
“La recomendación general es que no haya manifestaciones en los próximos días”, afirmó Macron, quien advirtió que el gobierno rechazará las demandas de grupos que, a su juicio, carecen de legitimidad para presentarlas.
Las declaraciones se producen después de las protestas del pasado 17 de octubre contra el alto costo de la vida, durante las cuales jóvenes enmascarados protagonizaron enfrentamientos y saqueos. De acuerdo con la información proporcionada, al menos 3 mil comercios fueron vandalizados en el país.
El presidente calificó algunos de los hechos como actos políticos y sediciosos atribuidos a grupos organizados de extrema izquierda. Las protestas también generaron cuestionamientos contra los servicios de inteligencia, señalados por no haber anticipado la magnitud de la movilización.
En este contexto, el primer ministro, Sébastien Lecornu, se reunirá este jueves con representantes de distintos partidos políticos, acompañado por los ministros del Interior, Laurent Nuñez, y de Justicia, Gérald Darmanin, así como por responsables de inteligencia y de las fuerzas del orden.
Por su parte, el partido La Francia Insumisa (LFI), de izquierda radical, rechazó las acusaciones del gobierno y anunció que presentará las demandas de los manifestantes ante Lecornu.
Como parte de las medidas de seguridad, las autoridades ordenaron tres noches de toque de queda en zonas de varias ciudades, entre ellas París y Lyon. Además, el gobierno desplegará vehículos blindados, unidades especiales de la policía y la gendarmería, así como efectivos militares de la misión Sentinelle.
El Ministerio del Interior informó que el operativo de seguridad del sábado será 20 por ciento mayor al de la semana anterior. Sin embargo, ciudades como Lyon, Rouen y Toulon ya prohibieron las manifestaciones previstas, decisiones que sectores de la oposición consideran una restricción a las libertades públicas.
Los organizadores, entre ellos el movimiento de los Chalecos Amarillos y sindicatos, mantienen sus planes de movilizaciones nacionales para este sábado y convocaron también a una huelga general y nuevas protestas para el próximo 5 de noviembre.
Las tensiones ocurren a seis meses de las elecciones presidenciales, en un contexto marcado por el descontento social y las diferencias políticas sobre la respuesta gubernamental a las manifestaciones.
Con información de: Aristegui Noticias



