La XLVI edición de los Premios Princesa de Asturias se entregó el viernes en el Teatro Campomar de Oviedo, bajo la presidencia de los reyes de España y con la presencia de la princesa Leonor y la infanta Sofía. Los galardonados fueron la astronauta Christina Koch (Concordia), el escritor Julian Barnes (Letras), Studio Ghibli (Comunicación y Humanidades), la cantante y escritora Patti Smith (Artes) y el profesor Timothy Garton Ash (Ciencias Sociales). También se premió a Leo Messi (Deportes), a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Cooperación Internacional) y a David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer (Investigación Científica y Técnica).
En su discurso, la princesa Leonor afirmó que aún tiene sentido acudir cada año a Oviedo para agradecer a quienes dejan una huella positiva. Destacó que estudiar a Garton Ash ayuda a comprender Europa, que la obra de Studio Ghibli demuestra que el cine educa y que el deporte genera una pasión universal. De Barnes dijo que su capacidad de conmover es algo que ninguna inteligencia artificial podrá replicar, y de Smith, que su obra esgrime una libertad que no pide permiso.
El rey Felipe VI señaló que los premiados comparten “una rica experiencia de aprendizaje que no se puede transferir ni explicar, sino solo vivir”. Subrayó el valor de la experiencia en un mundo marcado por el bombardeo informativo y la agregación masiva de datos, donde la inteligencia artificial puede parecer, por eficaz e inmediata, más fiable que la humana. La presidenta de la fundación, Ana Fernández, dijo que el trabajo de los galardonados es una guía para afrontar los retos actuales.
Entre los agradecimientos, Patti Smith afirmó que el premio anima “a seguir evolucionando” y a dar “esperanza y estabilidad a las nuevas generaciones”. Koch invitó a elegir “el mundo en el que queremos vivir en cada interacción” y a recordar que la plenitud “está en dar, no en recibir”. Garton Ash prometió seguir aportando “con mi pluma y con mi voz”, aunque advirtió de que el futuro de Europa y de la libertad dependerá cada vez más de la generación de la princesa. ■ Excélsior



